15 de junio de 2011

El documental de Terry Pratchett sobre la eutanasia

El lunes por la noche se emitió en la BBC2 un documental sobre el derecho a una muerte digna o, lo que es lo mismo, la eutanasia. En él, Sir Terry nos presenta varios casos de personas con dolencias terminales o dolorosas que optan por o bien seguir viviendo con sus dolencias o bien ir a morir a Suiza, el único país del mundo que acepta la muerte asistida para extranjeros. En ese documental se ve cómo muere una persona tras ingerir el veneno.


Como era de esperar, el documental ha levantado mucha polémica, incluso en España: El País, ABC, Público... Se critica a la BBC por hablar demasiado de la eutanasia y demasiado poco de otras opciones. Además, el domingo supimos que el mismo Pratchett iba a iniciar el proceso legal para optar a la muerte asistida. Lo cual no significa necesariamente que lo vaya a hacer el mes que viene, ni el año que viene, ni que el proceso llegue hasta el final. De hecho, el 70% de los que inician el proceso no lo concluyen. Calma y tranquilidad.

De momento, para que cada uno pueda juzgar por sí mismo, el que suscribe, Jordi Balcells, ha liberado los subtítulos en español para el documental. El documental te deja un mal cuerpo, que cada uno decida si lo quiere ver o no.

En el próximo Puercoespín aparecerá un artículo más extenso sobre este documental de parte de Luis de Torredelarte.
 

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18 de junio de 2010

Terry Pratchett abre mundos paralelos en la ciencia ficción

(Lo que sigue es una traducción del original aparecido en The Guardian el 16 de junio de 2010: http://www.guardian.co.uk/books/2010/jun/16/terry-pratchett-science-fiction-book.)

El autor, más conocido por la saga Mundodisco de novelas fantásticas, recupera una idea que tuvo hace casi 25 años.

Puede que la fantasía le haya hecho rico, pero para su próximo proyecto, Terry Pratchett se aventura en el mundo de la ciencia ficción, volviendo a un concepto que soñó hace casi 25 años, esta vez en colaboración con el galardonado escritor británico de ciencia ficción Stephen Baxter.

Pratchett comenzó a trabajar en una novela sobre una cadena de mundos paralelos, la Tierra larga, en 1986, justo después de completar Ritos iguales, el tercer libro del Mundodisco, universo en el cual el mundo está soportado por cuatro elefantes, de pie sobre una tortuga gigante. «Me dije a mí mismo: [el Mundodisco] es fantasía, y quiero volver a mi primer amor, que es la ciencia ficción», comentó Pratchett a The Guardian. El autor había escrito con anterioridad dos novelas de ciencia ficción a finales de los 70 y principios de los 80, The Dark Side of the Sun y Strata.

Pero los libros del Mundodisco despegaron, y Pratchett decidió seguir el camino de la fantasía. «Ritos iguales tuvo mucho éxito, y casi sin darme cuenta, descubrí que disfrutaba escribiendo los libros del Mundodisco, y la Tierra larga se quedó en la recámara hasta desaparecer en el horizonte», dijo.

Hace poco, rebuscando en su archivo en busca de material para una recopilación, su agente, Colin Smythe, se tropezó con la novela inacabada y dos relatos cortos, y Pratchett comenzó a darse cuenta de que «las posibilidades eran increíbles».

«Se basa simplemente en la física cuántica, que dice que nuestra Tierra sólo es una entre un número incalculable de tierras, y cada una difiere de la anterior por un simple electrón. Como mucha ciencia ficción, o al menos la que me interesa a mí, éste es un escenario con el que te puedes divertir de lo lindo», declaró.

«Casi por accidente, se descubre una manera de pasar de un mundo a otro. Una teoría muy extendida sostiene que las guerras suelen obedecer a la escasez de tierra. Supongamos que tenemos otra tierra, casi igual a ésta, separada de nosotros por el grosor de un pensamiento, y hasta donde sabemos, inhabitada por el ser humano. Sería una fiebre del oro como nunca la hemos visto, sólo que con tierra. Allá que vamos, pero espera un momento, no hay teléfonos móviles... Tenemos algunos problemillas: el metal no puede pasar por el éter que conduce al otro mundo. Nos toca empezar de nuevo, lo que provoca una situación extraña. Las personas son un bien muy escaso, son el mayor recurso del que disponemos».

Pratchett ha colaborado con otros autores antes, como con Neil Gaiman en Buenos presagios, y le apetecía juntarse con un escritor de ciencia ficción para desarrollar la saga de la Tierra larga. Baxter, autor de Flood, Ark, y las series de El tapiz del tiempo y Destiny's Children, y ganador del premio de la British Science Fiction Association y el premio Philip K. Dick, parecía la elección ideal.

«Creo que Stephen Baxter es uno de nuestros mejores escritores de ciencia ficción, y el mejor escritor de ciencia ficción dura –afirmó–. Me gusta mucho su trabajo. Se siente como en casa con los miles de miles de millones... Lo bueno de trabajar con él es que casi siempre hay uno de los dos que puede resolver cualquier tipo de problema. Será divertido, como un antídoto para todos los otros chavales a los que dejan salir a jugar mientras tú estás ahí, tecleando solo. Sufro de claustrofobia permanente. Así tengo un espejo contra el que rebotar ideas, y al mismo tiempo tú eres su espejo. Además, él está acostumbrado a escribir ciencia ficción dura.»

Por el momento, el dúo está trabajando en otros libros (la próxima novela del Mundodisco se publica este otoño), pero están barajando ideas y fijando el esbozo de la saga. El primer libro de la saga lo publicará Doubleday en la primavera de 2012. «Hay llamadas telefónicas emocionadas, y es probable que lleguemos a las manos para ver quién se encarga de cada escena –dijo Pratchett, que está ansioso por llegar al momento en que los nativos americanos visitan una versión prístina de las Black Hills de Dakota–... y todo esto es muy bonito, pero ojalá tuviéramos teléfonos móviles operativos, que todo esto de la manta y el humito ya aburre.»

Al tratarse de una saga de Terry Pratchett, habrá humor, faltaría más, pero el autor insiste en que «no te puedes limitar a poner humor en un libro. Tiene que haber algo con lo que contraste, algo de alivio trágico –subrayó–. El humor debe proceder de la situación, no porque toca meter un chiste».

Ambos autores están decididos a sentarse y poner las reglas de su mundo por escrito antes de empezar. «Una vez tienes la ciencia y el transfondo, has de mantenerte fiel a ellos. Uno de los problemas del tipo de ficción a lo Doctor Who es que te lo puedes inventar todo según avanzas. Si lo haces bien, utilizas la arcilla para modelar que ya tienes –declaró Pratchett–. Sólo tienes una oportunidad de establecer las reglas de lo que es posible. He estado llamando a médicos y otros especialistas para preguntarles: "¿Esto funciona?" Tienes que encontrar algo que parece estar bien y que no rechine demasiado desde el punto de vista científico.»

En términos generales, «la norma en ciencia ficción es que sólo te permiten una cosa imposible. La nuestra es presuponer que podemos pasar al mundo de al lado, a todos los mundos de al lado. Y veamos qué hace la gente, frente a esto... Por supuesto, como somos escritores podemos jugar con lo que sabemos de la humanidad. Si le ponen un paraíso terrenal en bandeja, encontrará alguna forma de liarla parda.»
 

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14 de junio de 2010

Nueva colaboración y nuevo libro del Mundodisco

¡Confirmado por Colin Smythe, el agente de Terry Pratchett! Esta tarde ha aparecido en internet un comunicado de Transworld Publishers que detalla los próximos proyectos del Hombre del Sombrero:

Stephen BaxterTransworld Publishers se complace en anunciar una emocionante colaboración entre sir Terry Pratchett y Stephen Baxter.

Sir Terry Pratchett desarrolló por primera vez su visión de una cadena de mundos paralelos, la Larga Tierra, en una novela inconclusa y dos relatos cortos de 1986, después de escribir Ritos iguales, la tercera novela de lo que se convertiría en su exitosa serie del Mundodisco. Ahora por fin verá la luz esta idea que tanto tiempo llega gestándose en forma de dos libros, todavía sin título, escritos en colaboración con Stephen Baxter, autor de Flood, Ark y las series El tapiz del tiempo y Destiny's Children.

«Nuestra Tierra no es más que una en la cadena de mundos paralelos, cada uno de ellos poco (o muy) distinto de sus vecinos, formando un paisaje de posibilidades infinitas. Y se puede pasar de un mundo al siguiente...»

El trato lo negociaron Colin Smythe y Ralph Vicinanza, y la primera novela de la Larga Tierra será publicada por Doubleday en primavera de 2012.

Además, sir Terry Pratchett ha terminado hace poco I shall wear midnight, el cuarto libro de Tiffany Dolorido, que se publicará en septiembre, y ha empezado ya a trabajar en su próxima novela del Mundodisco, que saldrá en otoño de 2011. La número 37 de la serie, Unseen Academicals, acaba de aparecer en edición de bolsillo, publicada por Corgi.


Aunque la nota de prensa no lo detalla, es muy probable que el nuevo libro del Mundodisco sea Raising taxes, el tercero en la serie de Moist von Lipwig.

Actualizado 03/07/2010: Pues no. La novela probablemente se llamará Snuff y su protagonista será Vimes. (Más información.)
 

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5 de mayo de 2010

La historia de Joshua Easement, por Terry Pratchett

La Galería Nacional de Retratos británica ha desempolvado recientemente una colección de la época isabelina (finales del siglo XVI) que tenía en un almacén. Al no saber a quién corresponden todos esos retratos, la exposición que han organizado con ellos incluye unos relatos ficticios sobre sus vidas, escritos por autores contemporáneos. Sir Terry se ha encargado de uno de esos relatos y ha puesto a su protagonista el nombre de Joshua Easement. Su historia inventada, por supuesto, no tiene desperdicio.

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La historia de Joshua Easement, por Terry Pratchett

Sir Joshua Easement (de la mansión Easement en Shrewsbury) era, al menos según su propio criterio, uno de los últimos viejos lobos de mar isabelinos... ambición que, de algún modo, se malogró por su absoluta incomprensión de cualquier principio náutico. Los documentos hallados en el Museo Marítimo Nacional revelan que el método de navegación de sir Joshua consistía, a grandes rasgos, en dar topetazos contra cosas, situación que se agravaba por su total ceguera a las diferencias entre una jarcia y una castaña. Los afortunados marineros que sobrevivían después de navegar con él solían comentar en broma que todo se debía a que nunca se había cogido una buena jarcia, pero sí se bebía todo lo que le pusieran delante.

Los pocos diarios de navegación de sir Joshua que perduran hasta nuestros días sugieren con bastante claridad que su fracaso en descubrir las Américas lo llevó, sin embargo, a descubrir prácticamente todos los demás lugares. ¿Qué deducir, si no, de su comentario sobre la tierra de las gigantes ratas saltarinas que halló en los océanos meridionales pero que, debido a su forma de llevar los registros, perdió el día siguiente?

Con todo, en los últimos años del reinado de Isabel I, no solo triunfó en su empeño de encontrar las Américas sino que también encontró Inglaterra de nuevo. Al regresar, se presentó con gran pompa en la corte de la Buena Bess para regalarle un animal traído de aquel país lejano, cuyo pelaje blanco y negro consideró muy atractivo y digno de una reina.

La corte comprendió en aquel momento que, además de no conocer más que de vista el concepto de la dirección, sir Joshua no tenía absolutamente ningún sentido del olfato. El incidente empujó a la reina a reemprender sus viajes sin demora, a pesar de su salud desmejorada. Cuando unos frenéticos cortesanos le preguntaron cuál sería su destino, ella respondió: «Cualquier lugar alejado de ese cabronatho».

Aun así, mientras los sirvientes todavía se turnaban para limpiar los suelos de palacio y la mofeta hembra daba a luz en los sótanos, la reina otorgó a sir Joshua el título de Capitán de Gongfermores. En otras palabras, lo puso a cargo de las letrinas, empleo que obviamente le venía como anillo al dedo. Haciendo caso omiso a las risitas de los demás cortesanos, sir Joshua se tomó su puesto con gran seriedad e incluso adoptó el lema «Quod Init Exire Oportet» (Lo Que Entra Debe Salir) para su escudo de armas. John Dee dijo de él: «Es un hombre nacido bajo una mala estrella, y nunca ha sabido cuál es».

El nuevo siglo vio cómo sir Joshua, terco hasta el final y sin inmutarse por los gases nocivos que olían todos los demás, pasaba sus últimos años intentando hallar la forma de domeñar la naturaleza ignífera de esos gases. Tuvo tal éxito que su sombrero apareció en Kingswinford y su cabeza en un azuzadero de osos de Dudley.

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Traducción del texto publicado en Times Online.

Añadir solamente que los gongfermores (gong farmer o gongfermour) existían realmente en los tiempos de Isabel I. Su oficio está considerado como uno de los peores de todos los tiempos.

 

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8 de abril de 2010

Noticias de Terry Pratchett (carta del 1 de abril)

El 1 de abril (no, no se trata de ninguna broma) Terry Pratchett publicó una carta en el sitio del ilustrador Paul Kidby, que suele utilizar para comunicarse con sus fans. Trata de la muerte, del suicidio asistido, de I Shall Wear Midnight, del nuevo trailer de Going Postal y de los pines del Mundodisco. A continuación incluimos una traducción de esta carta.


Amigos:

Jueves. Un momento de paz y tranquilidad inesperada que me permite seguir adelante y responder el correo. Incluso eso se hace difícil. Mi madre ha muerto, pero aún no está incinerada. Es un momento incómodo, temido durante años. Hay que llevar a cabo rituales para ahuyentar los malos espíritus y mantener a salvo el alma de los difuntos. Es un momento de pérdida, pero no de cicatrización, y estoy incómodo casi hasta en los genes.

Por lo menos el correo permite que me concentre. La montaña de correo lleva años enorme, pero desde la conferencia Dimbleby ha llegado a niveles estratosféricos. Una gran parte de las cartas y correos de los fans son fáciles de tratar. Son los nuevos los que llaman mi atención, como éste de la señora mayor que escribe: «Cuando la gente dice que las organizaciones en apoyo de las personas con discapacidad están en contra del suicido asistido, ¿a quién han preguntado? ¡A mí nadie me ha pedido la opinión! Personalmente, espero una muerte rápida e indolora venga como venga, pero creo que soy demasiado vieja para que me digan lo que tengo que hacer».

A continuación me llega un enlace al Liverpool Care Pathway (LCP). Para resumir, el LCP es una forma de permitir a los moribundos morir con comodidad cuando ha fracasado toda posibilidad médica. Consiste en rellenar un formulario, y quizá sea lo correcto, pero yo termino siguiendo la retahíla de objeciones de quienes no se quedarán contentos hasta que muramos todos rezando. Parece que hablen de una forma de eutanasia por la puerta trasera, o de una muerte asistida a escondidas o, por lo que se ve, de una autocaravana para Satanás y sus duendecillos.

Por supuesto, esto es Internet, y a esta gente le encanta Internet porque nadie te tose y no importa si te lo inventas todo. Puedes asustar y hacer afirmaciones hasta que revientes sin estar cualificado o sin tener que retractarte.

Ya que es inevitable que la gente muera en el hospital, yo creo, inocente de mí, que una formalización del proceso se ajustaría a estos tiempos tan estúpidamente burocráticos que vivimos.

El día se pone interesante gracias a un loco de atar, pero no hay tantos de esos como podría pensarse. Éste, sin embargo, es bastante desagradable. Son unas ocho páginas escritas con letra diminuta en un tono inconfundible. Por lo que puedo entender, voy de cabeza al infierno porque Dios me ama.

Es gracioso. Lo que ya no tiene tanta gracia es que en cada página hay varios dibujos de lo que parece ser Jesús, no sólo crucificado sino también eviscerado. Rob agarra la carta y la tira a la chimenea.

Y luego hay otra de una ex enfermera que se horrorizaba de ver cómo alimentaban a la fuerza a señoras mayores en un hospicio, pese a sus débiles protestas. Recibo bastantes cartas de ex enfermeras. Normalmente sus cartas no son para contarme lo bien que se vive en esos sitios.

Todo eso, por supuesto, sin olvidar las curas milagrosas para el Alzheimer a base de aceite de serpiente, las peticiones para firmar libros (la saga completa del Mundodisco en bolsillo está disponible AQUÍ) e invitaciones para dar charlas en escuelas a cientos de kilómetros con la excusa de que sólo me robará media hora de mi tiempo. Sin novedad en el frente.

Mira, ésta es nueva. Un médico me escribe para informarme de que los médicos y los hospitales saben lo que se hacen, y ponerse a debatir sobre cosas como la muerte asistida sólo complica el problema. No puedo responder, en primer lugar porque no ha incluido nombre ni dirección, y también porque prefiero que el tema siga siendo complicado.

Hay tres estados de EE.UU. y cuatro países en Europa donde la muerte asistida es legal en ciertos niveles. Sé algo al respecto, pero no lo suficiente. Tengo la intención de saber mucho más. Por lo que yo sé, las prácticas suelen involucrar al futuro paciente y a la profesión médica. Creo que una sociedad que funcione correctamente requiere algo más, lo que me lleva a otra carta, que me hace creer que hay gente para la cual hacer este tipo de cosas es un hobby. Alison Davis es una señora con una serie de enfermedades que la debilitan, y son todas desagradables. La han citado diciendo que hace muchos años estaba tan deprimida que hubiera optado por el suicidio asistido de haber estado disponible, y que ahora se alegra de no haberlo hecho.

Esta historia suele servir de argumento contra la muerte asistida para gente como la de la Care Not Killing Alliance. En realidad no es una buena razón contra la muerte asistida, sino contra la muerte asistida no reglamentada ni bien pensada. Todos los que apoyan con seriedad el tema creen que la muerte asistida sólo debe estar a disposición de las personas cuerdas (o al menos más cuerdas que el autor de la carta del Cristo eviscerado) y con una enfermedad intratable y terminal. Por lo tanto, una solicitud de muerte asistida por parte de la señora Davis habría sido rechazada cortés pero firmemente por el tribunal, a pesar de los sentimientos puntuales de esta señora. Desde el principio se ha previsto que el tribunal tendría, como parte de sus competencias, impulsar las alternativas y proponer un periodo de reflexión, además de cualquier otra cosa que se les ocurra a quienes saben más que yo.

Probablemente todo esto no se sabe, y es porque no existe un debate real sobre el tema, ya que el otro lado desaparece en la distancia gritando «¡Pendiente resbaladiza! ¡Pendiente resbaladiza!» y, a grandes rasgos, dando a entender que nos proponemos casi mandar a los ancianos y enfermos a las cámaras de gas.

Mi médico anónimo, más bien mosqueado, terminaba diciendo: «¿Por qué meterse en este lío? Seguro que usted tiene suficiente dinero como para no tener que preocuparse».

Bueno, espero que sea cierto para mí, pero seguro que no es cierto para todos. Además, no me he metido en este debate por eso. Y puedo identificar la oposición. Es la oposición a legalizar el voto de la mujer, el aborto, la extensión del sufragio y, en otra época, la oposición a dar analgésicos a las mujeres durante el parto, porque se suponía que tenían que pagar por «el pecado de Eva». La reina Victoria, famosa por su fecundidad, puso fin a tal tontería. Reconozco el tono de voz que tienen: son el director enfurecido porque la clase de quinto está respondona. No tienen vergüenza, porque saben que están en lo correcto, aunque, en ciertos casos, sean de derechas. Abucheos, burlas, difamaciones y, faltaría más, los argumentos ad hominem. Todo ello es su pan de cada día.

En todos los casos hubo un coro que venía a vaticinar el fin del mundo. Bueno, aquí estamos y, si el mundo se acaba, parece que será por otras razones. La gente como tú y yo no es de confianza. A la derecha no le gustamos porque no hacemos lo que nos dicen nuestros superiores, y a la izquierda no le gustamos porque sigue pensando que nos pasaríamos a la derecha a la mínima oportunidad si ganáramos la lotería. Y ambos creen que no debemos tomar nuestras propias decisiones, ya que podríamos equivocarnos.

Casi todas las decisiones que llevan a quitarse la vida son decisiones equivocadas.

Ayer por la noche, en la tele local trataron el tema de una pareja de ancianos que, temiendo su futuro, había decidido quitarse la vida asfixiándose con gases. Teniendo en cuenta que eran personas sensatas que habían debatido largo y tendido hasta llegar a su decisión, sospecho que ningún tribunal lo hubiera podido evitar. Aunque si hubieran podido recurrir a la muerte asistida gracias a un tribunal, no habrían tenido que recurrir a medidas tan desesperadas para acabar con sus vidas.

Se nos presenta una versión del juego «Engaña al profeta» de G.K. Chesterton. Los gobiernos y las religiones redactan normas que el obediente pueblo cumple, hasta que deja de hacerlo. El suicidio y la muerte asistida continuarán ocurriendo deseen lo que deseen sus detractores. Sabemos que la gran mayoría de británicos está a favor de que se permita hacerlo, en los términos que acabo de mencionar. Casi todos los políticos prefieren ignorar esto. Debo decir que me ha sorprendido mucho Ann Widdecombe. Siempre creí que estaba bien acabada, pero parece que le falta un hervor. Por un lado, no parece darse cuenta de que es legal hablar a favor de la legalización de algo que hoy es ilegal. De lo contrario, no existiría la política.

De todos modos, en un tono mucho más ligero, algo que es un bien escaso en estos tiempos, ya he escrito la palabra «Fin» en I Shall Wear Midnight, aunque el último borrador se ha retrasado por lo que podrían llamarse miserias humanas. No obstante, seguimos adelante.


Hemos ido a ver la adaptación completa de Going Postal en pantalla gigante, en las oficinas de Twentieth Century Fox en Londres. Debo decir que es excelente, y que los clacs están muy conseguidos... y no puedo decir más. De todas formas, la espera casi ha acabado: se emitirá en mayo, aunque no sé la fecha exacta todavía. ¿Tal vez alguien de la cadena Sky toma la decisión con una moneda al aire? Estamos recibiendo muchas consultas al respecto, y no, no va a haber una premiere oficial, ya que el presupuesto va a invertirse en publicidad en lugar de en bebida. Personalmente, habría optado por la bebida, pero parece que en los departamentos de marketing prefieren la publicidad. ¡PAREN MÁQUINAS! Sky nos acaba de enviar el último tráiler. ¡A disfrutar!

También estoy recibiendo muchas consultas sobre mi espada. Está acabada, pero ya daré detalles cuando el herrero nos envíe el pedigrí.



Más noticias: Stephen Sackur me entrevistó en BBC Hardtalk. Si estás en el Reino Unido, puedes verla en el iPlayer.

Y tengo que decir que, aunque pensé que el pin de las Costureras era excelente, el emblema del Gremio de ladrones es en realidad uno de mis favoritos, especialmente si tienes la suerte de haber conseguido uno de los que brillan en la oscuridad. Todo un detalle.

Espero volver a escribir pronto, cuando hayamos rebajado un poco la montaña de correo y hayamos vuelto de Cannes, a donde nos vamos Rob y yo en un par de semanas por el estreno de Going Postal.

Un abrazo,

Terry Pratchett

PD: Mirad cómo avanzan los trabajos de restauración de la iglesia de mi pueblo.

Texto e imágenes de la web de Sandra Kidby.

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14 de febrero de 2010

Terry Pratchett: mi defensa de una comisión de la eutanasia

¿Se debe permitir a los afligidos con enfermedades incurables elegir cuándo y cómo morir? En el discurso Richard Dimbleby, el autor Terry Pratchett, enfermo de Alzheimer, hace un llamamiento hacia una solución con sentido común.

De niño, jugando en el suelo de la sala de estar de la casa de mi abuela, alcé la vista hacia la televisión y vi a la Muerte hablando con un caballero. No sabía mucho acerca de la muerte por aquel entonces. Sólo era algo que les pasaba a periquitos y hámsters. Pero era la Muerte, con una guadaña, y parecía simpático. Por supuesto, no lo sabía en ese momento, pero acababa de ver un trozo de El séptimo sello de Ingmar Bergman, en el que el caballero se deleita en un diálogo prolongado y en el famoso juego de ajedrez con el Segador siniestro, que no parecía tan siniestro.

La imagen ha permanecido conmigo desde entonces y la Muerte como personaje apareció desde mi primera novela del Mundodisco. En la saga se ha convertido en uno de los personajes más populares. Implacable, porque ése es su trabajo, pero con una especie de compasión medio velada por una especie de criaturas que son para él tan efímeras como las cachipollas, pero que sin embargo pasan su breve vida fijando leyes para el universo y contando las estrellas.

No tengo ningún recuerdo claro de la muerte de mis abuelos, lo único que sé es que mi abuelo paterno murió en la ambulancia de camino al hospital justo después de haber comido la cena que él mismo se había preparado, a los 96 años. Se había sentido muy raro, había pedido a un vecino que llamara al médico, se había subido con calma a la ambulancia y se apeó del mundo. Si eso no es morir tranquilo... Según mi padre, sólo se quejó a los camilleros de que no había tenido tiempo de terminarse el pudín. No estoy del todo seguro sobre cuánta verdad hay en todo esto. Mi padre tenía un gran sentido del humor que tuvo el acierto de legarme, probablemente para compensar las pérdidas de orina, la baja estatura y la calvicie masculina, que lamentablemente venían de regalo.

La muerte de mi padre se alargó más: tuvo un año de aviso. Fue cáncer de páncreas. La tecnología le mantuvo con vida, en casa y en un estado de comodidad y alegría razonables durante ese año, durante el que tuvimos las conversaciones que se tienen con un padre moribundo. Tal vez es cuando les conoces de verdad, cuando te das cuenta de que ahora avanzas hacia el sonido de los disparos y estás listo para escuchar los consejos y recuerdos que una vida demasiado entretenida no te permitió. Me soltó todas las anécdotas que ya le conocía, sobre su estancia en la India durante la guerra, y me sorprendió con otras que nunca había oído. Un día, se levantó de repente y me dijo: "Puedo sentir el sol de la India en la cara", y su rostro se iluminó casi por arte de magia, con más brillo y felicidad de lo que le había visto durante todo ese año, y si hubiera habido justicia o sensibilidad narrativa en el universo, habría muerto allí mismo, protegiéndose los ojos del sol de Karachi.

No fue así.

El día que le diagnosticaron el cáncer me dijo: "Si me llegas a ver en una cama de hospital, lleno de tubos y cables, y del todo inútil, diles que apaguen la máquina". De hecho, pasó poco menos de quince días en el hospicio antes de morir, como una especie de daño colateral en la guerra entre el cáncer y la morfina. Y en ese momento dejó de ser él y empezó a convertirse en un cadáver, un cadáver que apenas se movía de vez en cuando.

Al volver a casa después de la muerte de mi padre, le hice una raspada al Jaguar en un muro de piedra de Hay-on-Wye. Para ser justos, es casi imposible no raspar un Jaguar en los muros de Hay-on-Wye, aunque no tengas los ojos empañados por las lágrimas. Lo que no sabía en ese momento, pero que ahora apenas dudo, es que mi propia enfermedad estaba haciendo acto de presencia con gran sutileza.

Cuando el especialista me comunicó que tenía atrofia cortical posterior (ACP), una variante rara del Alzheimer, podría jurar que le vi rodeado por un rectángulo de líneas rojas llameantes. El mundo entero había cambiado.

La ACP se manifiesta a través de problemas de la vista, y dificultades con tareas topológicas, como abotonarse la camisa. Tengo lo contrario a un superpoder, a veces no puedo ver lo que está ahí. Veo la taza de té con mis ojos, pero mi cerebro se niega a enviar el mensaje de la taza de té. Es muy Zen. Al principio, no hay taza de té y, a continuación, porque sé que ahí hay una taza de té, ésta aparece la próxima vez que mire. Tengo ciertos trucos para hacer frente a este tipo de cosas: los que tenemos ACP aprendemos a vivir en un mundo con trucos.

Si no supieras que tengo algo raro, no te darías ni cuenta. La enfermedad avanza lentamente, pero sabes que está ahí. Imagina un accidente de coche a cámara súper lenta. Parece que no pase nada. De vez en cuando se escucha un ruido, como de algo que se aplasta, salta un tornillo y gira por el salpicadero como si estuviéramos en el Apollo 13. Pero la radio sigue sonando, la calefacción está encendida y no parece tan malo, a excepción de la certeza de que, tarde o temprano, saldrás despedido por el parabrisas.

He oído decir que algunas personas sienten que las están evitando una vez se sabe que tienen Alzheimer. Para mí ha sido todo lo contrario. La gente quiere hablar conmigo: por la calle, en la cola del teatro, en los vuelos sobre el Atlántico, incluso en los paseos por el campo. Quieren hablarme sobre su madre, su marido, su abuela... Cada vez más, quieren hablar de lo que prefiero llamar "muerte asistida", pero que todavía se llama, erróneamente en mi opinión, "suicidio asistido".

Cuando era periodista, joven, pálido y nervioso, aprendí mucho sobre el suicidio. Formaba parte de mis tareas habituales ir a las dependencias forenses, donde vi todas las formas en que un cerebro perturbado puede planear la muerte. Los periódicos eran un poco menos gráficos por aquella época, y no solían entrar en demasiados detalles, pero yo sí debía escuchar. Recuerdo que los forenses nunca hablaban de "locura". Eran más compasivos y preferían decir que el sujeto se había "quitado la vida en un estado mental alterado". Había cierta ambigüedad en la frase, una sugerencia de vientos del destino y circunstancias abrumadoras.

De hecho, por ahora, he llegado a la conclusión de que una persona puede tomar la decisión de morir porque tiene un estado mental equilibrado, realista, pragmático, estoico y nítido. Y por eso no me gusta hablar de "suicidio asistido" como algo aplicado al proceso bien planeado y pensado de acabar con la vida de cada uno mediante la benevolencia médica.

Quienes hasta ahora han sufrido el viaje a Suiza para morir en Dignitas me parecían firmes y decididos, con una visión clara de querer tener su muerte en sus propias manos. En resumen, podrían tener un estado mental más equilibrado que el del mundo que les rodea.

Y una vez más recuerdo a mi padre. Él no quería pasar la muerte en vida. No era esa clase de persona. Quería despedirse de mí, y conociéndole, probablemente habría terminado con alguna broma. Si las enfermeras hubieran puesto la jeringuilla en la cánula, yo la habría empujado, y sentido que era mi deber. Por supuesto que habrían habido lágrimas, las lágrimas son algo necesario e irreprimible.

Me involucré en el debate en torno a la "muerte asistida" por accidente después de pensar largo y tendido en mi futuro con el Alzheimer, y posteriormente por escrito en un artículo con mis conclusiones. Como resultado de mi "salida del armario" sobre la enfermedad, ahora tengo contactos en las industrias de investigación médica de todo el mundo, y no tengo razón alguna para creer que una "cura" sea inminente. Como estoy bien aconsejado, creo que puede haber avances muy interesantes en los próximos dos años y yo no soy el único que tiene la esperanza de algún tipo de "pasarela", un tratamiento que me permita seguir adelante el tiempo suficiente como para que se desarrolle un tratamiento mejor.

Cuando empecé en el periodismo me dijeron que nadie tiene por qué hacer lo que su médico le dice. Lo aprendí cuando George Topley, el redactor jefe, me devolvió mi artículo y me dijo: "Nunca digas que a un paciente lo han soltado a menos que estés hablando de alguien que está detenido por razones mentales. Se dice "le han dado el alta", y aunque a los del hospital les gustaría hacerte creer que no puedes salir hasta que ellos te lo digan, puedes salir si te da la gana. Aunque, en general, es mejor no salir arrastrando el sistema de soporte vital escaleras abajo". George fue un gran periodista que de joven habría luchado contra el fascismo en la guerra civil española si no fuera porque se coló de polizón en el barco que no tocaba y acabó en el norte de Inglaterra, en Hull.

Recuerdo lo que me dijo George y prometí que, antes de dejar que el Alzheimer acabe conmigo, me encargaría yo mismo. Viviría mi vida como siempre, al máximo, y entones moriría, antes de que la enfermedad preparara una última carga, en mi propia casa, en una silla en el césped, con un brandy en la mano para tragar una versión moderna del "cóctel Brompton" que un médico tuviera a bien darme. Y con Thomas Tallis en mi iPod, le estrecharía la mano a la Muerte.

Me parece bastante razonable y sensato que alguien con una enfermedad grave, incurable y extenuante pueda escoger una muerte con cita médica. Hoy en día, la mayoría de muertes no traumáticas (por ejemplo, muertes que no implican varios automóviles, un camión cisterna y hielo en la carretera) tienen lugar en hospitales y hospicios. No hace mucho, se moría en la cama de cada uno. Los victorianos sabían morir: vieron mucha muerte. Y el Londres victoriano y eduardiano estaba inundado con lo que podríamos llamar drogas recreativas, que se consideraban un regalo y una bendición para todos. Marcharse a tiempo con la ayuda de un médico era muy habitual.

¿Todavía es válido esto? Parece que sí. ¿Temían los victorianos a la muerte? Como dice la Muerte en uno de mis propios libros, la mayoría de gente no teme la muerte, teme todo aquello (el cuchillo, el naufragio, la enfermedad, la bomba) que precede, por microsegundos si tienes suerte y por muchos años si no, el momento exacto de la muerte.

Y esto nos lleva al tema de cuidar o matar.

La asociación Care Not Killing nos asegura que nadie tiene por qué considerar una muerte voluntaria de cualquier tipo, ya que siempre están los cuidados. Esto es cuestionable. La medicina mantiene cada vez más pacientes vivos, pacientes que requieren cada vez más cuidados. El Alzheimer y otras demencias suponen una carga enorme de cuidados al país, una carga que recae inicialmente en los familiares más cercanos, que incluso pueden ser mayores y, a su vez, estar en necesidad de algún tipo de cuidados.

Una de las mayores objeciones que suelen presentar los opositores de la muerte asistida es que los ancianos pueden ser persuadidos ilegalmente a "pedir" la muerte asistida. Podría ser, pero el Journal of Medical Ethics informó en 2007 de que no había pruebas de abusos a pacientes vulnerables en el estado de Oregón, donde la muerte asistida es legal hoy día. No veo por qué debe ser distinto en este país.

El año pasado, el gobierno británico publicó directrices sobre el tratamiento de la muerte asistida. Parece que no dejan a nadie contento. Parece que quien desee ayudar a un amigo o familiar a morir tendría que cumplir una gran cantidad de criterios para evitar la posibilidad de ser acusado de homicidio. Debemos estar agradecidos de que en teoría exista alguna posibilidad de que no se le pueda acusar, pero, con la ley en la mano, todo lo que podemos hacer es mantenernos dentro de la normativa y esperar que todo vaya bien.

Por eso, no he sido el único que ha sugerido que algún tipo de comisión investigadora no invasiva delinee el caso claramente antes de llevar a cabo la muerte asistida. Esto podría incomodar a algunos, incluyéndome a mí, ya que sugiere que el gobierno tiene el poder de decidir sobre la vida y la muerte de ciertos ciudadanos. Pero, dicho esto, el gobierno no puede eludir la responsabilidad de garantizar la protección de los más vulnerables. Y creo que debemos respetar eso. Me duele que los opositores a la muerte asistida parecen asumir que los defensores de ésta no han pensado mucho sobre el tema. De hecho, es la base y el corazón de mi discurso.

Los miembros de la comisión estarían actuando por el bien común, así como el del demandante (qué palabra más horrible), para asegurarse de que está cuerdo y bien informado, tiene un firme propósito, sufre una enfermedad mortal e incurable, y no se encuentra bajo la influencia de terceros. Haría falta alguien más sabio que yo, y sabe el cielo que de eso no falta, para determinar cómo se constituyen estas comisiones. Yo sugeriría un abogado, con experiencia en asuntos de familia y que sea bueno en reconocer lo que alguien quiere decir de verdad, y más aún, si hay presión externa. Y un médico con experiencia en tratar con las complejidades de las enfermedades graves a largo plazo.

También sugeriría que todos los miembros de la comisión fueran mayores de 45 años, momento en que puedan haber adquirido el raro don de la sabiduría, porque la sabiduría y la compasión deberían ir, en esta comisión, codo a codo con la ley. La comisión también debería comprobar que no busquen la muerte por razones que cualquiera con dos dedos de frente considere una simple angustia trivial o transitoria. Me atrevo a decir que muchos han contemplado la muerte por motivos que más tarde les parecieron bastante insignificantes. Si hemos de vivir en un mundo donde una "muerte temprana" está permitida por la sociedad, se debe permitir sólo como resultado de una cuidadosa deliberación.

Me ofrezco a mí mismo como caso de prueba. Como ya he dicho, me gustaría morir en paz con Thomas Tallis en mi iPod antes de que la enfermedad me venza. Espero que falte mucho para ello, porque si supiera que puedo morir cuando quiera, cada día pasaría a valer un millón de libras esterlinas. Si supiera que puedo morir, podría vivir. Es mi vida, mi muerte, mi decisión.

Éste es un extracto editado del discurso Richard Dimbleby de Terry Pratchett, "Estrechar la mano a la Muerte", retransmitido por la BBC1 el 1 de febrero de 2010.

Texto original: The Guardian

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1 de febrero de 2010

Pratchett hablará mañana en favor de la muerte asistida

Mañana, lunes 1 de febrero, Terry Pratchett pronunciará el Discurso Dimbleby, fundado en memoria del prestigioso periodista inglés Richard Dimbleby. Cada año pronuncia el discurso una figura muy influyente en la economía o la política inglesas. Terry Pratchett lo utilizará para hacer ruido en su cruzada por conseguir una ley que regule la muerte asistida en el Reino Unido.

Toda la prensa británica se ha hecho eco hoy de unas declaraciones de Terry en las que confirma sus intenciones de dedicar el discurso a insistir en este tema, sobre el que ya había publicado un artículo en el Daily Mail este verano. Incluso tiene pensado ofrecerse como sujeto de prueba si algún día existe una ley como la que propone, declaración que se ha convertido en el titular de casi toda la prensa inglesa: «Terry Pratchett listo para ser el sujeto de prueba en la ley del suicidio», y similares. Traducimos unos fragmentos del Times Online, que titula «Sir Terry Pratchett reclama que se legalice la muerte asistida», para que no queden dudas:

El exitoso autor, que padece un mal de alzheimer temprano, dirá [mañana] que "de verdad está llegando el momento" para legalizar la muerte asistida. Además, se ofrecerá como "paciente de prueba" ante un tribunal de suicidio asistido, cuerpo que considera que debería instituirse para permitir legalmente que la gente concluya su vida con asistencia médica.

[...]

Sir Terry dijo que, de saber que podría acabar su vida en el momento que eligiese, sin miedo de incriminar a un amigo o un familiar, disfrutaría mucho más lo que le queda de existencia. "Si supiera que puedo morir cuando quiera, entonces de pronto cada día sería tan precioso como un millón de libras. Si supiera que puedo morir, viviría. Mi vida, mi muerte, mi elección", dirá en el discurso.

"Por supuesto, ni espero ni doy por hecho que cualquier médico de cabecera o de familia esté preparado para asistir en una muerte por acuerdo, ni siquiera ante una evidencia médica que fuese abrumadora. Eso es elección suya. En este asunto, la elección es muy importante. Pero habrá otros, probablemente más mayores, probablemente más sabios, que lo comprenderán."


Mañana informaremos sobre el discurso en sí.

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29 de abril de 2009

Comunicado de Terry: forja, premios y libros

Terry publicó ayer, el día de su cumpleaños, la que se está convirtiendo en su entrada mensual de blog en la página de Paul Kidby. En ella habla del forjado de su espada de caballero, de Unseen Academicals y I shall wear midnight, de premios y de su enfermedad. El texto original contiene bastantes más fotos aparte de la que incluimos aquí. La traducción:

Chicos:

Una de mis actividades más satisfactorias este último mes, aunque probablemente la más extraña, ha sido fundir mineral de hierro para hacerme mi espada, con la ayuda de Jake Keen, miembro formal del Centro de la Edad de Hierro en Cranborne. Esta actividad ha requerido recolectar el mineral de hierro –sí, hay más por ahí del que podría pensarse– de un campo cercano, construir un horno utilizando la arcilla obtenida durante las obras que hizo Rob, limpiar, hornear y seleccionar el mineral de mayor calidad y, finalmente, los dos días del fundido en sí. El resultado fueron dos lupias (bolas grandes de hierro mezclado con algo de escoria, creadas dentro del horno).

Pratchett forjando

El próximo paso es sacar la escoria de las lupias a martillazos para obtener hierro forjado, y a continuación le haremos una visita al herrero. El proceso entero ha sido extraño y fascinante; el fundido en sí, consistente en controlar el horno y sacudir la escoria sobrante, parecía una mezcla entre la magia industrial y la ginecología. El objetivo final es una espada completa, que todo Caballero debería llevar siempre consigo.

Acabamos de volver de los estudios Air Edel, donde Leighton James House está grabando el disco de «Solo tú puedes salvar a la humanidad». El proyecto es muy emocionante, y esperamos tener más noticias y poder escuchar algún fragmento en poco tiempo.

Estoy encantado de deciros que «Nation» acaba de hacerse con el premio del Los Angeles Times a la mejor novela juvenil. Grabé un vídeo para aceptar el premio, en el que hace una aparición estelar Patch, nuestro gato de despacho. Podéis leer una entrada de blog sobre ello AQUÍ, y además subiremos el vídeo a YouTube cuando tengamos (jaja) un momento libre.

Por extraño que parezca, «Unseen Academicals» está casi, casi terminado; solamente le falta una de las criaturas más mágicas que existen: una semana laboral de cinco días sin más interrupciones. Pero supera ya con creces las 100.000 palabras y esperamos poder entregarlo no más tarde de una semana pasado de fecha, lo cual es más bien rápido desde el punto de vista editorial.

En teoría, empezaré a trabajar de inmediato en «I shall wear midnight», aunque probablemente necesitemos algo de tiempo para ordenar la oficina y al menos poder encontrar la cocina. Y el suelo.

La gente me sigue preguntando por mi salud y yo se lo agradezco, pero el caso es que cuando les explico cuáles podrían ser mis síntomas todos me interrumpen para decirme: «Eso me pasa a mí, ya no sé cuántas veces he subido las escaleras y me he olvidado de para qué iba alli, y siempre estoy perdiendo las llaves». En resumen, no estoy seguro de cuántas de las cosas que noto están relacionadas con la enfermedad (que ciertamente tengo porque he visto los encefalogramas) o se deben a que simplemente, y por lo que yo sé, nunca he pasado antes por la experiencia de tener sesenta y un años.

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31 de diciembre de 2008

En 2009, sir Terry Pratchett

Colin Smythe, el agente del Hombre del Sombrero, acaba de anunciar que Terry Pratchett será nombrado caballero por la reina de Inglaterra con la llegada del año 2009. Aunque el Maestro ya pertenecía a la Orden del Imperio Británico desde 1998, ostentaba rango de oficial, no de caballero. Con su nombramiento, Terry pasa a convertirse además en Knight Bachelor, es decir, en caballero "independiente", sin adscripción a ninguna orden concreta, aunque en calidad de oficial sea miembro de la Orden del Imperio Británico. Es todo un poco lioso.

Lo que está claro es que de ahora en adelante, se le debe llamar sir Terry Pratchett y no, por ejemplo, el Hombre del Sombrero. La noticia de la BBC, con vídeo incluido, está aquí.

Sir Terry Pratchett, además del vídeo anterior, ha declarado a la prensa: Hay momentos en que expresiones como "totalmente asombrado" simplemente se quedan cortas. Por supuesto, estoy encantado, honrado y no hace falta decir que estupefacto.

Primero fue la Orden del Imperio Británico y ahora lo arman caballero. Si su trayectoria no se parece cada vez más a la de Sam Vimes, que venga Om y lo vea...

 

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15 de diciembre de 2007

El Maestro tiene Alzheimer

Terry Pratchett ha emitido recientemente un comunicado en la página web de Paul Kidby sobre su estado de salud. Las noticias son muy preocupantes pero no desastrosas, al menos a corto plazo. Como lo explica él perfectamente, no tenemos más que cederle la palabra:

UNA JODIENDA

Chicos,

Me habría gustado que esto no se supiera durante un tiempo, pero al haber convenciones cerca y, por supuesto, teniendo en cuenta la necesidad de que mis editores estén informados, no me parece justo reservarme la noticia. Me ha sido diagnosticada una forma muy poco común de Alzheimer prematuro, que era lo que estaba detrás de la "apoplejía fantasma" que he sufrido este año.

Nos los estamos tomando con bastante filosofía por aquí, y también con cierto optimismo. De momento continúa el trabajo para terminar "Nation" y estoy escribiendo los apuntes básicos para "Unseen Academicals". Si todo lo demás sigue como hasta ahora, espero cumplir con todos los compromisos actuales y, en la medida de lo posible, futuros, pero hablaré las cosas con los diversos organizadores. Sinceramente, preferiría que la gente mantuviera la alegría, porque creo que hay tiempo para, al menos, unos pocos libros más aún :-)

- Terry Pratchett

P.S.: Me gustaría recalcar a cualquiera que haya leído lo de arriba que esto debería interpretarse como un "No estoy muerto". Por supuesto, estaré muerto en algún momento del futuro, igual que todos los demás. Para mí, ese momento podría ser más lejano de lo que pueda parecer: es demasiado pronto para decirlo. Sé que es un acto muy humano decir "¿Hay algo que pueda hacer?", pero en este caso solamente estoy dispuesto a considerar ofertas que provengan de los expertos más punteros en química cerebral.

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